REGLAS DEL JUEGO PARA LOS

HOMBRES QUE QUIERAN

AMAR A “MUJERES MUJERES.”

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas

de la piel

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

con que yo estaré al lado suyo.

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,

protector y seguro como ellos,

limpio como una mañana de diciembre.

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre

como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones,

la amiga con quien compartir

sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla

del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra

ser pájaro.

El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.

Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra

sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje con acciones

y dar la vida si es necesario.

El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera

rodilla en tierra me amará

mientras los dos disparamos juntos

contra el enemigo.

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse ante la magia del

enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

podrá gritar – te quiero –

o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano de los sentimientos

La estrofa que sigue ¡había sido omitida! pero Manuel “Mordor” González (mi último hijo)lo detectó y la Poesía ya no está cercenada.

El amor de mi hombre

no le huirá a la cocina

ni a los pañales de hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre las nubes de sueños y

de pasado, las debilidades que por siglos

nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

El amor de mi hombre

no querrá rotularme y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo de una nueva victoria.

GIOCONDA BELLI (Nicaragua)